jueves, julio 02, 2009

Él

Muchos años después creí verlo en aquel pub durante mi última noche en Praga. Fue una visión fugaz, una alucinación, una aparición que tomó forma corpórea durante unos instantes en el humo del tabaco, el vapor de la absenta y la luz estroboscópica. Cuando intenté enfocar la mirada buscando su rostro allí donde creía haberlo visto, entre un pequeño grupo de gente que bailaba, ya había desaparecido. Me despedí apresuradamente y me marché. Alguien me agarró de un brazo y yo me desasí con fuerza. Tenía que irme. Me había encontrado. Estaba seguro. Mientras regresaba al hostal a recoger todas mis cosas y poner en orden mi mochila lo imaginé conduciendo día y noche por carreteras secundarias y un mapa desplegado en el asiento del copiloto. Botellas de vino vacías tintineando entre sus pies, restos de comida y aquella fina sonrisa, como trazada a cuchillo, indestructible entre sus labios.

Al llegar a casa él ya estaba allí. Como otras veces. Su maletín de doctor victoriano sobre el aparador de la entrada y su sombrero borsalino de fieltro gris en el perchero. Recostado en el sofá del salón, mientras miraba la televisión, alzó el brazo que sostenía una botella de cerveza a modo de saludo.

Hoy, a pesar de que hace mucho tiempo que volví a perderlo de vista, me acordé de él. Es un recuerdo. Sigue estando ahí. Me acecha.

martes, junio 09, 2009

Puerta de Oriente


"Bebe el agua vibrante. Acaricia la piedra con mano delicada. Da tu adiós a Occidente, si lo posees, y vuélvete hacia Oriente..."

Robert Byron

domingo, junio 07, 2009

Día de tiburones


Dibujo de Sutpen


Fue un día horrible. Uno de esos días en los que en otras circunstancias uno podría declarar una guerra, enviar un ejército de aviones kamikazes a bombardear Pearl Harbour o, vistiendo capa y chistera, practicar con el bisturí en un callejón oscuro en el Londres de 1888. Y probablemente, si separamos una por una todas las causas, resultarían ridículas. Por completo absurdas. Pero también en ocasiones uno se cansa de ridiculizar, de banalizar las cosas, de ser comprensivo y flexible y necesita sentirse Áyax reclamando furioso la armadura de Aquiles, Edipo rey escupiendo insultos a Tiresias, y descargar toda esa mierda que lleva dentro enviando a sodomizar a quien se cruce en su camino, amigos incluidos. Aún sabiendo que alguno incluso podría llegar a disfrutar con ello.

Entonces –nunca antes evitar la destrucción mundial había resultado tan barato- compro un billete de tren de ida y vuelta sin el propósito de llegar a ninguna parte, me acomodo junto a la ventana soleada de alguno de los asientos, saco unas cuantas cuartillas y un bolígrafo de mi mochila y dibujo con trazos firmes e intensos. Dibujo tiburones. Siempre tiburones. Blancos, grises, toro, tigre, martillo. Un vaso de naranjada con mucho azúcar, como solía hacer mi abuela –posiblemente la persona que mejor ha entendido la mecánica de mi cólera- también serviría. Pero vivo de una forma tan incierta, tan provisional; mi vida está tan jodidamente cogida con hilos que ni siquiera me atrevo a comprar un exprimidor.

Cuando regreso, ya de noche, más calmado, con tres preciosos e iracundos tiburones en mi mochila, me entero de que David Carradine, el hombre que dulcificaba las tardes de domingo de mi infancia ha muerto intentando hacerse una paja en la habitación de un lujoso hotel de Bangkok.  Pienso que, pese a todo, quizá vaya siendo hora de comprarse un puto exprimidor.

miércoles, junio 03, 2009

La respuesta




"Una noche Chuang Chou soño que se había convertido en una mariposa que revoloteaba alegremente sin saber que era Chuang Chou. De pronto se despertó, siendo Chuang Chou. Y surgió la duda de si la mariposa era un sueño de Chuang Chou o Chuang Chou era el sueño de la mariposa. Y eso que la mariposa y Chuang Chou son bien diferentes. Y esto se llama transformación del ser."

Te pedí que me explicases el significado de esa historia. En aquel tiempo estaba convencido de que no había nada sobre la faz de la tierra que no fueras capaz de explicar. Me escuchaste, sonreíste y te lo apuntaste todo en aquella diminuta libreta en la que siempre atardecía. Me dijiste que tenías que consultarlo y que después me darías una respuesta.

Pero nunca me la diste. 

lunes, mayo 18, 2009

Viven



Y sobre todo, no temas, no te sientas triste. Porque

Vive

Aquel amor
aquel
que tomaron con la punta de los dedos
que dejaron que olvidaron
aquel amor
ahora
en unas líneas que
se caen de un cajón
está ahí
sigue estando
sigue diciéndonos
está doliendo
está
todavía
sangrando.


(Parafraseando un poema de Idea Vilariño)